El dolor de tu corazón, es el mío. La ausencia de tu fuerza es mi debilidad.
Querido papá: ponte bueno pronto porque esta gran familia que has creado te espera impaciente para volver a oír tus quejas y tus bromas. Pronto en el hospital se darán cuenta de que fuera eres más útil, aunque sea para ocupar ese tu lado del sofá, revisar los filtros de la piscina o criticar a mamá y a la tía en el campo cuando se van a pasear bajo la solatera, mientras tú “dormisqueas” bajo la higuera.
Tenemos que pedirte perdón por no haber hecho el caso necesario a tus quejas constantes, de las que nosotros te repetíamos, tienes que ir al médico. Ya has visto que estás en buenas manos. Deseo verte pronto lejos de esa pantalla que vigila los latidos de tu corazón para tenerte a nuestro lado y controlarlos nosotros mismos.
Cada latido con más fuerza por los más mayores que ya te acompañan, por los que les seguimos a la espera de tu apoyo constante, por los pequeños que adoran tus juegos y compañía y por los que vendrán para no perderse a ese gran hombre, alto y canoso, Vicente, mi padre.